La locura que viene de las ninfas (1)
Al claro del bosque se dirigen las amantes,
de
la mano del Amor que danza y alborota,
tras
beber hondo de su copa
la
ambrosía recia que enloquece
Junto
a helechos verdes y frescos de rocío,
y
aromas de tierra mojada[2] que encandila
sirven
las ninfas la memoria renacida,
y
el joven arroyo ya murmura
palabras
secretas en oídos sonrosados,
y
las amantes enloquecen
y
las ninfas delicadas
lo
festejan ya sin velo
en
el torrente del agua iluminada.
Las
amantes yacen de la mano.
Fuera
de sí, todo lo sueltan
y
sus manos danzan libres en el aire.
Solas
y en silencio quedan,
al
abrigo y cobijo del dios salvaje de la vida,
y
el Misterio se brinda y la locura de todo se apodera,
y
todo es locura, esa locura que viene de los dioses,
que
es cuerpo, carne encendida y espíritu que ríe.
Y
el Amor les revela su rostro,
el
de una bella maestra de baile
que
a todo supo darle nombre,
elegante
y sobria su nombre es Belleza,
su
nombre es Amor,
su
nombre es turbación que transfigura
el
alma solitaria y deseante;
y
la vida entera se conmueve
y
locas las amantes quedan
sin
remedio de cordura.
A
lo lejos se escucha el tambor del rey llamando a sus halcones.
Despiertan
tras soñar su propia muerte
y
ascienden al cortejo celeste de los dioses.
Sócrates,
ese sileno borracho y sobrio
ya
nos lo contó en el Fedro
dejando
ser el divino aliento que atraviesa.
Somnolientos
los humanos tan humanos
se
agitan en sepulcros polvorientos.
Solo
el Amor que les conmueve parece despertarlos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario