jueves, 21 de mayo de 2026

La locura que viene de las ninfas

 




La locura que viene de las ninfas (1)

Al claro del bosque se dirigen las amantes,

de la mano del Amor que danza y alborota,

tras beber hondo de su copa

la ambrosía recia que enloquece

Junto a helechos verdes y frescos de rocío,

y aromas de tierra mojada[2] que encandila

sirven las ninfas la memoria renacida,

y el joven arroyo ya murmura

palabras secretas en oídos sonrosados,

y las amantes enloquecen

y las ninfas delicadas

lo festejan ya sin velo

en el torrente del agua iluminada.

Las amantes yacen de la mano.

Fuera de sí, todo lo sueltan

y sus manos danzan libres en el aire.

Solas y en silencio quedan,

al abrigo y cobijo del dios salvaje de la vida,

y el Misterio se brinda y la locura de todo se apodera,

y todo es locura, esa locura que viene de los dioses,

que es cuerpo, carne encendida y espíritu que ríe.

Y el Amor les revela su rostro,

el de una bella maestra de baile

que a todo supo darle nombre,

elegante y sobria su nombre es Belleza,

su nombre es Amor,

su nombre es turbación que transfigura

el alma solitaria y deseante;

y la vida entera se conmueve

y locas las amantes quedan

sin remedio de cordura.

 

A lo lejos se escucha el tambor del rey llamando a sus halcones.

Despiertan tras soñar su propia muerte

y ascienden al cortejo celeste de los dioses.

Sócrates, ese sileno borracho y sobrio

ya nos lo contó en el Fedro

dejando ser el divino aliento que atraviesa.

Somnolientos los humanos tan humanos

se agitan en sepulcros polvorientos.

Solo el Amor que les conmueve parece despertarlos.

 

 



(1) Título de una de las obras de Roberto Calasso.

 

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