Chiste Zen (dialogando con un sueño)
Afterzen,
ese extraño libro tan inconveniente
para los más bisoños del Zen;
Pasado el tiempo
un libro para los veteranos más sonrosados
de la insigne disciplina…
En sus escabrosos decires dice el libro de un Maestro
que lo olvido todo,
hasta meditar incluso;
un Maestro Zen o quizá un Buda oscuramente luminoso.
Y allá iba el viejo Maestro en su olvido
no siendo sino lo dado
acaso siendo en su no siendo
o quizá no;
vaya usted a saber.
Impenetrable resultaba
su olvido desafiante y terco
como de océano agrio y dulce
haciendo sonar los desconciertos...
Y los sutras resonaban,
siempre resuenan;
nunca dejan de resonar…
Todos somos Buda…
Todo es el cuerpo del Buda encarnado…
Cuerpo, aquí y ahora…
El vacío es fértil y floreciente;
está lleno,
reventando...
La Nada todo lo abraza en su vientre ubicuo.
El vacío arde en su enramada de formas danzarinas…
¡Come y bebe sin medida
en medio de la paz perpetua! dice el Shodoka
Y así iba el Maestro Zen que se olvidó de sí,
a trompicones
sin poder siquiera sostener su vida
felizmente atribulado y dolorido,
roto en el deseo,
siendo el Buda que se olvidó de sí.
Aun así los suyos le buscaban,
“es el Buda” se decían...
Y las partes de su alma rota añoraban
su brillar más pleno.
Y su cuerpo, en las auroras,
suspiraba estremecido...
Y el Buda buscado y señalado dijo a quienes lo seguían
Hagamos zazen.
Encendamos el fuego.
Yo solo os puedo indicar el calor de la lumbre encendida
¿Queréis el frío?
¿Buscáis de verdad el calor de la candela?
Y de Dios qué me dice usted le dijo alguien;
lo humano nombrando,
el Misterio a la espera.

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